MÉXICO– La renuncia de Adán Augusto López Hernández a la coordinación de MORENA en el Senado no fue un acto de madurez política ni una decisión estratégica personal. Fue el corolario inevitable de haber perdido por completo la confianza de Palacio Nacional.
El tabasqueño, se convirtió en una pieza incómoda para la etapa que lidera con firmeza y claridad la presidenta Claudia Sheinbaum.
Disfrazada de “trabajo territorial” rumbo a 2027, la salida deja al descubierto una realidad ineludible: en la Cuarta Transformación ya no hay cabida para quien no marche al paso exacto que dicta la mandataria.
Adán Augusto conserva su escaño, sí, pero ya no manda ni influye. Es un senador más, sin el peso real que alguna vez ostentó y con un horizonte político notablemente acotado.
Testigos en el recinto legislativo relatan que Ricardo Monreal, al enterarse en las curules de San Lázaro, solo atinó a murmurar: “Hermano, soy el primer sorprendido”.
La respuesta de Adán fue escueta: “Ya era mucho el daño al movimiento”. Frase que sonó más a guion preparado que a reflexión sincera, propia de quien ya acepta —aunque a regañadientes— que su ciclo en la coordinación llegó a su fin.
La decisión no fue voluntaria. Fuentes cercanas al Ejecutivo confirman que la presidenta llevaba meses manifestando incomodidad con el manejo de la bancada senatorial: fricciones internas, falta de alineación y un estilo confrontacional que generaba más ruido que resultados.
El relevo se concretó de forma tajante, y cuando la noticia circuló, ya era un hecho consumado.
El patrón es innegable. En poco tiempo, figuras que generaban roces o desconfianza con la mandataria han sido apartadas de posiciones de poder efectivo.
El caso de Adán Augusto se suma a otros ajustes que fortalecen la unidad y la disciplina en torno a Sheinbaum.
El mensaje desde Palacio es rotundo: la nueva fase de la 4T exige lealtad absoluta, ritmo sincronizado y cero rezagos. Quien no se alinee, simplemente sale del camino.
A sus 62 años, resulta inverosímil que Adán Augusto haya elegido voluntariamente bajar del tren en el momento de mayor consolidación del movimiento en el Congreso.
Su figura, desgastada por sospechas sobre alianzas pasadas, excesos en Tabasco y un ego que marginaba a compañeros de bancada, ya no encaja en el proyecto que dirige Claudia Sheinbaum con mano firme y visión de futuro.
La llegada de Ignacio Mier a la coordinación senatorial anuncia vientos más técnicos, menos confrontacionales y totalmente alineados con la presidenta. Es un perfil que prioriza la unidad y la ejecución precisa de la agenda presidencial, sin los lastres que arrastraba el anterior coordinador.
El Día de la Candelaria trajo tamales para muchos, pero un frío político para quienes creyeron que su
soberbia los blindaría eternamente.
El tablero se reacomoda, el poder se concentra en quien verdaderamente lo ejerce: la presidenta Claudia Sheinbaum. Su liderazgo no admite disidencias ni dilaciones.
La 4T avanza con paso firme, y quien no camine al mismo compás, queda fuera del sendero.
Mientras tanto, la reelección permitida para alcaldes de MORENA en 2027 fue festejada con entusiasmo por quienes ostentan esas posiciones y ven una oportunidad clara de continuidad.

