MÉXICO- Dos años después de la explosión que cobró vidas y dejó pérdidas millonarias en el Centro de Proceso Nohoch-A, Cotemar — la contratista señalada como responsable directo de los trabajos fatales— continúa operando sin sanciones visibles, mientras funcionarios de Pemex implicados en omisiones graves siguen en sus puestos y las investigaciones administrativas y penales se diluyen en contradicciones, silencios y documentos “perdidos”.
Lo que se presentó como un accidente imprevisible se revela cada vez más como el resultado de negligencia sistemática, presión productiva desmedida y una red de protección que impide llegar a la verdad.
Como se recordará, la madrugada del 7 de julio de 2023, una liberación incontrolada de hidrocarburos en el Ducto 036 detonó en llamas sobre la plataforma Nohoch-A, en plena Sonda de Campeche. Dos trabajadores murieron, uno desapareció y varios resultaron heridos; más de 300 personas fueron evacuadas en medio del pánico.
El impacto económico fue brutal: estimaciones internas apuntan a pérdidas superiores a los 462 millones de dólares, sin contar el golpe a la producción —que cayó cientos de miles de barriles diarios en los días inmediatos— y los millones adicionales en investigaciones y reparaciones.
Nohoch-A no era un sitio cualquiera: era un nodo estratégico para el procesamiento de gas y el bombeo neumático en la Región Marina Noreste, vital para los objetivos de soberanía energética.Lo que comenzó como un “conato de incendio” controlado por Pemex se ha convertido, con el paso del tiempo y el goteo de documentos internos, testimonios y denuncias, en un caso paradigmático de negligencia institucional.
Los trabajos de alto riesgo —instalación de placas de aislamiento (“comales”) y retiro de espárragos en líneas de proceso— se ejecutaron en horario nocturno, prohibido por las normas internas de la empresa, y sin el indispensable estado de “cero energía”. Instrucciones claras del superintendente Luis Armando Guzmán González limitaban las acciones al desfogue diurno; sin embargo, personal de Cotemar presionó para avanzar, y supervisores de Pemex —desde el superintendente Ivan Desaida Cortés hasta el ingeniero deSeguridad José de Jesús Chávez Vázquez— validaron permisos sin verificar condiciones reales.
Discrepancias entre turnos sellaron el destino: el operador diurno detectó presión remanente y se negó a liberar los trabajos; el nocturno procedió con lecturas supuestamente “cero” y confirmaciones verbales dudosas.
El resultado: un goteo que escaló a incendio incontrolable, alimentado por hidrocarburos remanentes. Cotemar, dirigida por Alejandro Villarreal Martínez y con María Cristina Lobo Morales como figura histórica, emerge como el eje de la controversia.

