CAMPECHE, CAMP. En un sistema político acostumbrado a que el poder se herede como un apellido, la gobernadora Layda Sansores decidió fijar una línea que pocas veces se traza desde el poder: en Campeche no habrá candidaturas respaldadas por vínculos familiares. Esto al poner el ejemplo y cerrarle la puerta a su sobrino más querido, Gerardo Sánchez Sansores.
Son decisiones que duelen en lo personal, pero que se toman con orgullo por el bien del pueblo. Lo que se vivió en el “Martes del Jaguar” no fue un simple discurso de transparencia; fue una lección de autoridad moral. Tras desmantelar públicamente las redes de corrupción que asfixiaban a la Universidad Autónoma del Carmen, Layda hizo una pausa, miró fijamente a la cámara y lanzó la frase que define su administración: “Si es de mi familia, apuesten a que no”.
“Es como un hijo, pero el proyecto es primero, reconozco a mi familia, la quiero mucho y hay muchos talentos, pero este no es el momento”, afirmó Sansores con una mezcla de firmeza y serenidad. Para nadie es un secreto el profundo afecto que la mandataria siente por Gerardo. Sin embargo, la lealtad a los principios de “No mentir, no robar y no traicionar”, no admite excepciones, ni siquiera por él.
Con este anuncio, la mandataria no solo frena cualquier intento de nepotismo, sino que protege la equidad democrática en Campeche. Mientras en otros estados los gobernantes buscan perpetuar apellidos, la gobernadora demuestra que en su gobierno el apellido no es un salvoconducto, sino una responsabilidad que, en este caso, exige dar un paso al costado.
Por otra parte, la reacción de Gerardo Sánchez fue muy notoria, dado que busca un puesto de elección popular con el objetivo de aportar ideas y armonía a Campeche. Sin embargo, esto confirma algo, en la mesa de la gobernadora no se reparten privilegios ni posiciones por parentesco.
Aunque él es percibido por muchos como un cuadro fuerte para el 2027, Layda fue tajante, por respeto a los acuerdos del Congreso de Morena y por una convicción personal inamovible, no habrá “dedazos” familiares. Quienes buscan ver un rompimiento, se equivocan; lo que hay es un respeto sagrado por la vida pública.
El dato que impacta al ciudadano es la honestidad de la mandataria, sus sobrinos colaboran de forma voluntaria, sin cobrar un peso del erario, y ahora, ante la cercanía de las elecciones, ella misma es quien les pone el alto para evitar que se confundan las ventajas con el talento.

