En un cuarto oscuro, solo iluminado por el brillo azulado de una tableta, un niño de tres años desliza su dedo con destreza sobre YouTube Kids.
A pocos metros, un adolescente revisa TikTok por décima vez en la hora, ansioso por los trends o su última publicación. Escenas cotidianas que moldean cerebros en desarrollo, con consecuencias alarmantes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha lanzado alertas, la Academia Americana de Pediatría establece límites estrictos, y la ciencia acumula evidencia: la exposición temprana y excesiva a pantallas está vinculada a retrasos en el lenguaje, problemas de atención, alteraciones del sueño y, en adolescentes, mayor riesgo de depresión y ansiedad.
INTRUSO PELIGROSO
La ciencia es clara y la OMS contundente: los bebés no deben tener contacto con pantallas. La Academia Americana de Pediatría es selectiva: 0 a 2 años, es igual a cero pantallas (excepto videollamadas breves con familiares). ¿Por qué tanta firmeza?. De acuerdo con la OMS, un bebé frente a una pantalla pierde Interacción humana real: El cerebro infantil necesita el vaivén de conversaciones reales, donde aprende ritmo, tono y turnos conversacionales.
También, Exploración sensorial: Tocar texturas, saborear, oler, caerse y levantarse: eso no se simula en ninguna App. Además, Desarrollo motor: Gatear, alcanzar objetos, aprender a caminar: todo se ve limitado por la postura pasiva ante pantallas. Una investigación publicada en JAMA Pediatrics demostró que niños de 1 año con alta exposición a pantallas mostraban retrasos significativos en comunicación y resolución de problemas a los 2 y 4 años. Cada hora de pantalla reemplazaba interacciones humanas cruciales.
El error más común y peligroso es usar el celular como “chupón digital” para calmar o distraer a los pequeños. Sí, funciona momentáneamente, pero enseña que las emociones se evitan, no se gestionan. Además, establece el patrón peligroso: “malestar e inquietud, es igual a pantalla”.
EDAD CRÍTICA: 2 A 6 AÑOS
Entre los 2 y 4 años, la OMS recomienda máximo una hora diaria de pantallas, pero añade: “Cuanto menos, mejor”.
La Academia Americana de Psiquiatría Infantil es más específica: entre 18-24 meses, solo contenido educativo con un cuidador; de 2-5 años, máximo una hora diaria entre semana, y tres horas los fines de semana. ¿Por qué esta etapa es tan vulnerable? El cerebro forma conexiones a velocidad asombrosa, pero depende de los estímulos que reciba, pues resulta que: Desarrollo del lenguaje: Se adquiere el 80% del vocabulario base. Las pantallas pasivas no enseñan a hablar; las conversaciones reales, sí.
Funciones ejecutivas: Se desarrolla el autocontrol, la atención sostenida, la planificación. Las pantallas ofrecen estímulos tan rápidos que dificultan estos procesos.
Incluso, hay un riesgo invisible, la televisión de fondo (mientras el niño juega) interfiere con la concentración y calidad del juego. Se ha discutido en la literatura científica que los niños juegan 50% menos tiempo y con menor creatividad cuando hay una pantalla encendida en la habitación.
PERSPECTIVA EXPERTA
“El problema no son los videojuegos o pantallas, sino la falta de límites”. La psicóloga Reyna Cabrera Morales ofrece una perspectiva equilibrada sobre uno de los aspectos más controvertidos: los videojuegos. En entrevista exclusiva para Grupo Cantón, explica: Desequilibrio peligroso: la especialista comparte que “cuando las pantallas comienzan a desplazar los juegos físicos, el descanso o la convivencia familiar, ahí surge el primer riesgo”.
Círculo vicioso del sueño: La alteración del sueño es especialmente preocupante cuando los niños usan pantallas de noche o antes de dormir. “Cuando un niño no duerme bien, su estado emocional y rendimiento cognitivo se ven afectados directamente”, señala.
El costo social: “A los niños les cuesta interactuar presencialmente porque los videojuegos no estimulan adecuadamente el desarrollo del lenguaje, comunicación y procesamiento de información”, finaliza.
TESTIMONIOS CRUCIALES
El mito de la “pantalla calmante”: Elías “N”, padre de familia, comparte lo siguiente: “…cuando pasábamos o excedíamos el tiempo de ver entretenimiento, ver pantallas o teléfonos, como que mostraba demasiada hiperactividad, y en lugar de como muchos piensan que dejar los celulares o tablets es que estén tranquilos y no estén molestando, pues es algo que resulta ser lo contrario”.
La agresividad emergente: “…a veces cuando se molesta, se hiere muy feo y es como que agresivo hacia él mismo, si él se enoja pues se pega en su carita, hace un berrinche horrible”, expresa Verónica López, abuela.

