CAMPECHE.– La historia política de Campeche no se puede entender sin las rencillas personales que han moldeado sus instituciones. En el centro de esta narrativa se encuentra la relación entre José Alberto Abud Flores, actual rector de la Universidad Autónoma de Campeche (UAC), y Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI. Este vínculo, lejos de ser cordial, está cimentado en un episodio de violencia estudiantil y política ocurrido el 11 de octubre de 1999, el cual definió el ascenso de uno y la resistencia académica del otro.
En aquel entonces, Alejandro Moreno Cárdenas, conocido como “Alito”, fungía como el impetuoso líder de la Federación de la Sociedad de Alumnos de la UAC (Fesauac).
Bajo el cobijo del sistema político tradicional, Moreno encabezó una toma violenta de las oficinas de la rectoría. El objetivo era claro y contundente: forzar la renuncia de Abud Flores mediante el uso de la fuerza física y el amago, en un acto que muchos cronistas calificaron como el nacimiento del “porrismo” moderno en la entidad.
El trasfondo de aquella agresión radicaba en la neutralidad política que Abud Flores intentaba preservar en la UAC. El detonante específico fue la decisión del rector de permitir la entrada al campus de Layda Sansores San Román, quien en 1997 y años posteriores representaba la principal fuerza de oposición bajo las siglas del PRD. El hecho de que una figura opositora fuera recibida en un espacio universitario fue interpretado por el grupo político de Moreno Cárdenas como una traición al sistema, lo que desencadenó la represalia estudiantil dirigida por el hoy líder del PRI.
A pesar de aquel turbulento pasado, la historia ha dado un giro irónico en la actualidad. Tras décadas de distancia, José Alberto Abud Flores regresó a la rectoría de la UAC, pero ahora bajo un contexto donde la gobernadora Layda Sansores la misma cuya visita causó el conflicto en 1999 lo ha señalado públicamente. Las recientes acusaciones desde el ejecutivo estatal sugieren que el rector actúa como un operador político de la oposición, vinculándolo precisamente con el grupo de Moreno Cárdenas, en lo que muchos ven como una extraña paradoja de la política campechana.
Los antecedentes de “Alito” Moreno como líder estudiantil son fundamentales para comprender su estilo de liderazgo actual. Durante su paso por la Fesauac, la universidad fue utilizada como una plataforma de control y movilización política, donde el choque de 1999 contra Abud Flores sirvió como una “prueba de fuego” para demostrar su lealtad a los círculos de poder. Este periodo de inestabilidad universitaria dejó una herida profunda en la autonomía de la institución, la cual luchó durante años por sacudirse el estigma de la manipulación partidista.
Hoy, la relación entre ambos personajes simboliza las contradicciones del poder en Campeche. Mientras el rector Abud Flores intenta navegar las presiones del actual gobierno estatal, el fantasma de la toma de 1999 persiste como un recordatorio de cómo la política puede irrumpir en la academia.
El enfrentamiento de hace 25 años no fue solo una riña por el control de una oficina, sino el inicio de una rivalidad que, tras un cuarto de siglo, sigue influyendo en la opinión pública y en el equilibrio institucional del estado.

