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10 enero, 2026

Efraín Cruz

Campeche

Recuerda a su nieto por su amor al baile

CAMPECHE.- Don Efraín Cruz Vives relata con profunda emoción los momentos de alegría compartidos con su nieto Fede, la pasión por la música que los unía y la fortaleza espiritual necesaria para sobrellevar las pérdidas que han marcado a su familia.

A pesar de los giros del destino y las distancias que a veces impone la vida, el lazo entre don Efraín Cruz y su nieto Fede siempre fue inquebrantable. Con la voz entrecortada por la emoción, Efraín relata cómo los cumpleaños y las visitas se convertían en los momentos más esperados del año.

Para él y su esposa, el cariño hacia su nieto no ha mermado con el paso del tiempo; al contrario, asegura que lo sigue amando con la misma intensidad que el primer día, manteniendo viva su esencia a través de la memoria.

Los recuerdos de los días compartidos en Mérida junto a su hija Julia y su esposa Cristina son descritos por don Efraín como un “tiempo muy bonito”.

En medio del dolor, destaca la solidaridad y el apoyo incondicional que ha reinado en su familia. Especialmente resalta la labor de Cristina, quien ha sido un pilar fundamental para su hija Julia en los momentos más oscuros.

Según don Efraín, ver ese apoyo mutuo es lo que les ha permitido mantenerse de pie ante las adversidades que les ha tocado enfrentar.

Si algo definía a Fede, era su espíritu alegre y su contagioso amor por el baile. Don Efraín recuerda con una sonrisa cómo su nieto, siendo aún muy pequeño, lo sacaba a bailar con entusiasmo.

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“Me ponía muy chiquita y bailaba conmigo”, narra con ternura, recordando cómo la música transformaba cualquier momento en una fiesta. Esa chispa parece ser una herencia familiar, pues el abuelo asegura que todos sus nietos comparten esa misma pasión por la danza y las celebraciones en casa, donde la tristeza se olvidaba por un momento entre pasos y risas.

La vida no ha sido sencilla para la familia Cruz, quienes han tenido que despedir a más de un ángel pequeño. Don Efraín lamenta profundamente no haber podido estar presente físicamente cuando falleció su otra nieta de apenas dos años, debido a sus compromisos laborales en otro lugar, pero asegura que ese dolor le caló “hasta el alma”. Ante la repetición de estas tragedias, don Efraín reflexiona sobre lo inexplicable de la vida, concluyendo que ante los designios del destino solo queda buscar la fortaleza necesaria para continuar.

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