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10 enero, 2026

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Campeche

Lo bautizan antes de su partida final

CAMPECHE, CAMP. Hay momentos donde las palabras sobran y solo queda la fe. En la penumbra de la Parroquia del Inmaculado Corazón de María, Escárcega, el aire se sintió distinto; no solo era el aroma a incienso y flores, sino el peso de una despedida que buscaba la eternidad. Antes de que sus restos fueran entregados al fuego de la cremación, el pequeño Federico Efraín recibió el sacramento del bautismo, un acto final de amor con el que sus padres decidieron confiar su alma a la luz divina.

Rodeado de Edward y Julia, sus padres, quienes han caminado un calvario desde Texas hasta Escárcega, el pequeño Federico fue el centro de una ceremonia que detuvo el tiempo. En medio del inmenso dolor, el agua bautismal no solo simbolizó un sacramento, sino un consuelo necesario para una familia que ha visto su mundo desmoronarse.

Fue un gesto de entrega. Entre oraciones entrecortadas por el llanto y abrazos que intentaban sostener lo insostenible, los presentes fueron testigos de un pacto de paz: el pequeño guerrero, que luchó contra la tragedia, ahora partía con la dignidad de un hijo de Dios.

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