CAMPECHE, CAMP. – La verdadera riqueza de un artista no se mide solo en álbumes vendidos o escenarios llenos, sino en la lealtad y el afecto de quienes caminan a su lado. Rodrigo de la Cadena recibió una prueba tangible de esa fortuna al cumplir 37 años, un círculo de amigos y colaboradores que viajaron distancias y ajustaron agendas para rodearlo en un día especial, transformando una celebración personal en un testimonio de admiración y respeto mutuo.
El ambiente en el baluarte de la Puerta de Tierra fue cercano y entrañable. Más que formalidades, hubo risas, abrazos y conversaciones que se cruzaban como música de fondo. Entre los asistentes, la emoción fue genuina y las palabras, cargadas de significado.
Pablo Ahmad, músico argentino y amigo personal, no disimuló su entusiasmo. Más allá de la felicitación, agradeció “un día más de vida” para Rodrigo y destacó el honor de ser invitado en una fecha que, señaló, coincidía con otra celebración local. “Estoy feliz de encontrarme con tantos amigos”, afirmó, subrayando el valor de la reunión en sí misma.
Por su parte, Martín Cañetas, otro entrañable amigo y también cantante, describió a De la Cadena con una cualidad que trasciende la música “un carisma excepcional”.
Su deseo no fue genérico; fue una aspiración concreta, “que la vida le permita mucho más para que siga compartiendo su talento”. Un reconocimiento a la persona y a la obra que aún está por venir.
La cercanía profesional también mostró su lado humano. Edgar Fernando Cruz, productor de Rodrigo, y su esposa Denisse Landó, sumaron sus voces a los festejos. Su presencia y sus “mejores deseos” reflejaron una relación que va más allá del estudio de grabación, consolidando un equipo donde la confianza personal es el cimiento del trabajo artístico.
Más allá de los nombres en la lista de invitados o de las cifras que adornan cualquier celebración, lo que permanece es la estampa de un artista rodeado de afectos reales. Que personas llegaran desde tan lejos solo para acompañarlo, como comentó uno de los asistentes, dice más que cualquier discurso, habla de vínculos firmes, de lealtades construidas con el tiempo. Rodrigo de la Cadena, al soplar las 37 velas, no solo celebró un año más de vida; celebró los lazos que sostienen el trayecto y le dan sentido.

