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29 enero, 2026

SAMULÁ

Campeche

ENTRE SIRENAS Y ESPERANZA, SAMULÁ RESPIRA ALIVIO

CAMPECHE.- En Samulá, ese poblado que hace apenas unos meses se convirtió en sinónimo de hechos violentos —balazos por grupos delictivos, cateos y ajustes de cuentas—, hoy se respira algo distinto “calma”. El aire, antes tenso, ahora huele a tortillas recién hechas y el ruido de algunas patrullas que están al pendiente de campechanos.

Vecinos reconocen que el aumento de elementos policiacos ordenado por el gobierno estatal ha cambiado el ambiente y devuelto algo que parecía perdido: la sensación de seguridad.

A lo largo del año, esta zona ha sido escenario de varios enfrentamientos, algunos ligados desafortunadamente al narcomenudeo, pero los habitantes coinciden en que el 2025 podría cerrar con menos sobresaltos. “Al ir a la tienda se siente uno tranquila, por donde vayas, y tengo mi puestecito de comida y veo cómo patrulleros pasan constantemente, así se puede vender en paz”, cuenta María López, vecina del lugar.

La presencia policiaca se ha vuelto parte del paisaje. Los uniformados recorren no solo Samulá, sino también los sectores de Sinaí y Kanisté, zonas donde la tensión era antes el pan de cada día. “Ha sido feo lo que ha pasado, pero increíble la respuesta de la policía. Llegan tras el llamado de la gente y en pocos días ya tienen a los responsables”, relata Eugenia Díaz, quien asegura haber recuperado la confianza en salir por las noches.

Para los comerciantes y trabajadores de la zona, el cambio se nota en los detalles cotidianos: caminar sin mirar atrás, dejar a los hijos jugar afuera, abrir un negocio sin pensar en extorsiones. Don Martín Peralta lo resume con simpleza: “Ahorita vienen las fiestas de fin de año, los ladrones estarán a la orden del día, pero la presencia de la policía garantiza que los atrapen. No se vale que por uno se pierda lo que la gente lucha todos los días.”

No todos los temores se han ido. Leticia González, aunque confía en la acción policial, admite que el origen de buena parte de la violencia está ligado a las drogas y teme que eso persista. “Las autoridades no tienen la culpa de aquellos que andan en malos pasos, pero sí siento miedo; confío en que el gobierno no nos deje solos y nos proteja.” Su voz recuerda que la tranquilidad percibida puede ser frágil si no se atacan las causas.

Sin embargo, otros también piden lo esencial: servicios básicos. Consideran que la falta de alumbrado público sigue siendo el punto débil de la seguridad. Varias calles se mantienen a oscuras, y en ellas los vecinos sienten que la sombra sigue del lado equivocado. “Si un ratero ve una calle oscura o con maleza, seguro acechará a su víctima. Aunque la policía haga sus rondines, es necesario que la Capital Amable haga su parte”, reclama Patricia Can, mientras espera el camión en una esquina sin luz.

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El miedo no se ha ido del todo, pero el ánimo cambió. Don Ricardo Alpuche, otro de los habitantes, dice que lo importante es ver que hay respuesta: “Aunque es poco lo que duran caminando algunos polis y se trepan a las patrullas, es satisfactorio que están pendientes de locatarios, ambulantes e incluso la gente del mercado.”

En un poblado acostumbrado a despertar con sirenas, la simple rutina de ver pasar una patrulla sin sobresalto es, por ahora, el mejor síntoma de esperanza. Samulá no olvida lo que ha vivido, pero parece decidido a recuperar lo que más le hacía falta “la tranquilidad”.

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