En Campeche, hay quienes no confían en el trabajo ni en la paciencia, pues buscan atajos para obtener dinero, viajes o ropa, y recurren a actos malignos como rituales satánicos, brujería y santería para conseguirlo. Según el padre Juan Arcos Arana, párroco de San Román, estos actos no son inofensivos; abren puertas a fuerzas demoníacas difíciles de cerrar y sus consecuencias se sienten pronto en los hogares.
“Lo hacen hombres, mujeres y jóvenes por comodidad o riqueza rápida, sin pensar en lo que puede suceder después. En muchos casos, comienzan a enfermar ellos o sus familiares, surgen olores extraños, plagas de insectos, o incluso hasta en casos más extremos hasta posesiones”, explicó el sacerdote.
En Campeche se han dado algunos casos, muestra de cómo la codicia lleva a extremos, aquí se han reportado hallazgos de velas, amuletos, símbolos, animales e incluso restos humanos como ofrenda.
En enero de este año, en el cementerio La Jeringa de Escárcega, cinco bóvedas fueron profanadas y se sustrajeron cabezas de cadáveres; en septiembre, vecinos de un edificio abandonado junto al estadio Nelson Barrera encontraron bolsas con amarres, símbolos y animales muertos; y en 2022, en Pomuch, se robaron varios cráneos antes del Día de Muertos.
Para muchos, la motivación es clara, es la desesperación económica y el deseo de resultados inmediatos. Sin embargo, el padre reiteró en que los atajos espirituales nunca son gratuitos; el precio se paga en salud, problemas familiares y, en casos más graves, en la estabilidad emocional de quienes participan.

