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29 enero, 2026

Pomuch

Campeche

Pomuch vive por sus muertos

El parador turístico de Pomuch da la bienvenida a los visitantes nacionales e internacionales.

CAMPECHE. – En el corazón de Pomuch, junta municipal de Hecelchakán, el parque principal late con una energía que trasciende lo cotidiano.

Por primera vez, este espacio se convirtió en un parador turístico que no solo invita a la fotografía, sino que susurra historias de vida entrelazadas con la muerte.

Locales, viajeros nacionales e internacionales se detienen, posan y capturan un recuerdo que huele a cartón reciclado, papel periódico y pintura fresca: un testimonio de que en Pomuch, los muertos no se entierran, se celebran.

Luis Armando Pool, miembro del grupo “TUUNBEM SIIJIIL POMUC” y alma colaboradora del proyecto, lo explica con ojos que brillan como velas en la noche: “Este parador es un símbolo de nuestras tradiciones. No solo festejamos a los fieles difuntos a fin de mes; esto marca el inicio para recordar a nuestros antepasados” En sus palabras, el parador no es mero adorno, es un puente entre generaciones, un recordatorio de que la vida en Pomuch se mide en ciclos de memoria y respeto.

Elaborado con ingenio comunitario, el parador surge de lo humilde: cartón, papel periódico, madera y aerosol. Un mes de dedicación en talleres improvisados, una semana de instalación con manos vecinas unidas en el parque.

Nada se desperdicia; todo se transforma. Es la esencia urbana de Pomuch: reciclaje no como moda, sino como filosofía de supervivencia y orgullo.

El sábado, a las 19:00 horas, el sol se ocultaba cuando el parador cobró vida. La inauguración estalló con la obra de teatro “PIXAN”, que escenificó las leyendas locales con pixanes danzando entre sombras. Risas, aplausos y un silencio reverente llenaron el aire. Visitantes de lejos se mezclaron con locales, todos bajo el mismo cielo campechano, sintiendo que Pomuch no es solo un punto en el mapa, sino un latido eterno.

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En esta crónica de vida urbana, Pomuch enseña una lección: honrar a los muertos es revivirlos. El parador, efímero como la bruma matutina, perdurará en fotos y corazones, recordándonos que en cada rincón reciclado late un antepasado. Y así, la junta municipal sigue viva, deslumbrando al mundo con su fe inquebrantable.

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